Sororidad contra la pobreza

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  • Categoría: Cooperación internacional
  • Fecha: 19 de Diciembre de 2018

Estas mujeres viven en el barangay de Santa Lourdes, Prieto Díaz en Sorsogon. A pesar de que muchas de ellas se dedican a la ganadería y a la agricultura, no siempre es fácil ahorrar dinero para pagar vitaminas para mantener la salud de sus hijos e hijas o, por ejemplo, su propia ropa. En esta situación conseguir un préstamo en una institución bancaria es algo prácticamente imposible.  ¿Los principales obstáculos? Falta de educación financiera y miedo a tener un no como respuesta. 

El Convenio financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), e implementado por InteRed, Codespa y FRS no pretende dar peces, sino que destaca por su voluntad de orientarse hacia la sostenibilidad. Una gran parte de su desarrollo, por tanto, ha consistido en llevar a cabo sesiones de orientación sobre la ayuda mutua, el ahorro y la gestión de desastres. Con esto parece haber prendido la chispa que ha alimentado el fuego de la creatividad empresarial.

Los grupos de ahorro que se han desarrollado en este y otros muchos barangays han permitido que muchas familias hayan aprendido a gestionar sus propios ahorros. Estas organizaciones formadas principalmente por mujeres fomentan el empoderamiento de las comunidades al ofrecerles otras vías diferentes de poner en marcha su propio negocio y, mejorar así, sus medios de vida.

No siempre es fácil detectar las necesidades cuando están tan arraigadas en la cultura propia, que las damos por hecho; pero saber vislumbrar la necesidad de una cultura del ahorro ha sido uno de los puntos con más éxito de este Convenio. ¿Cómo funcionan estos grupos? Por lo general, recogen dinero con cierta frecuencia. Algunos tienen una tasa inicial que va de los 20 a los 50 pesos (entre 30 y 90 céntimos de euro), y posteriormente una cuota semanal o quincenal de entre 10 o 20 pesos (unos 20-30 céntimos). Pero una vez que el plan está en marcha se abren un montón de nuevas posibilidades. 

Sus utilidades son muy distintas en función de las necesidades de cada barangay. Por ejemplo, en barangays como Gaoo (Tigaon) o Manzana (Lagonoy) utilizan su tradicional concurso infantil, en el que buscan “rey” y “reina” o “Constantino” y “Santa Elena” para recaudar fondos. Otro modo de incrementar las ganancias son los préstamos. En lugares como Santa Lourdes o Manzana las familias pueden solicitar un préstamo, con un bajo interés anual que normalmente no se cobra a los miembros. Y, admiten que, si la familia solicitante está pasando auténtica necesidad, tácitamente acuerdan no cobrar los intereses.

En Santa Lourdes tienen distintas ideas en marcha. Con el dinero acumulado compraron un cerdo; que al igual que en el cuento de la lechera, consiguieron que criase y llegar a aumentar su capital hasta los 80.000 pesos, una cantidad nada despreciable (rondará los 1.320 euros). Y ese es solo uno de sus planes. Han aprendido a cultivar cúrcuma, una raíz que se usa mucho en el país tanto como especia como para tés, y planean molerla y venderla, y a medida que progresa la conversación van surgiendo nuevas ideas.

Estos grupos no solo suponen un alivio inmediato en caso de desastre; no solo benefician a la comunidad en caso de necesidad; no solo reportan tranquilidad a aquellos que son miembros del programa. Sino que son el germen del emprendimiento rural que, además, suele ir acompañado por mujeres más empoderadas que pueden aportar económicamente al sostenimiento de su hogar y desarrollar su capacidad empresarial y su creatividad. Y sobre todo les ha dado la capacidad de soñar en el futuro mientras hacen cuentas y planes.

Se trata en definitiva de grupos locales financieros en donde las mujeres tienen la oportunidad de aprender ahorrar y, en algunas ocasiones, recibir préstamos para cubrir sus necesidades básicas. La solidaridad es la base sobre la que se sustenta este entramado de relaciones que permiten, de cierto modo, que la comunidad sea capaz de superar muchos de sus problemas.  Las socias de estos grupos son las responsables directas de controlar y recolectar el dinero de la comunidad y de dar préstamos y hacer un seguimiento de estos en el caso que sea necesario.  Son un ejemplo claro de que la sororidad, la solidaridad entre mujeres existe.

Escrito por Paloma Rodríguez y Ana Rodríguez.