Sembrar las semillas de la esperanza

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  • Categoría: Cooperación internacional
  • Fecha: 20 de Diciembre de 2018

En 2013 el tifón Haiyan, uno de los más fuertes en la historia de Filipinas, causó más de 8.000 muertes y transformó radicalmente el paisaje de algunas de las islas del archipiélago. En muchas de las regiones donde el Convenio con la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, desempeña su labor, los cocoteros o los plataneros son la principal fuente de ingresos; una fuente de ingresos que quedó enterrada bajo las cenizas que dejó este huracán.

En los últimos años la población de algunos barangays afectados por este desastre natural han puesto en marcha distintos programas medioambientales centrados en la reforestación. El principal fin de estas iniciativas es proteger el medio ambiente y beneficiar a los habitantes de estas regiones   devolviéndoles el paisaje que les pertenece.

Unos paisajes de los que no podrán disfrutar si no gozan de buena salud. En muchas zonas las comunicaciones son tan malas que se ven obligados a transportar a heridos graves en sus triciclos, su principal medio de transporte. Por otra parte, el acceso a las medicinas es prácticamente inexistente. En casi todo el país existen casos de dengue y diarrea muy generalizados. Unas condiciones que afectan sobre todo a los más pequeños que, en algunas ocasiones, son víctimas de la malnutrición. No obstante, existen programas como el ProPeace, impulsado por el Gobierno para dar una comida al día y ayuda económica a aquellas familias que lo necesiten.

El personal técnico sanitario de los barangays se forma en el ejercicio de su actividad, con conocimientos muy básicos. Aquellos que se especializan asisten a algunos cursos o seminarios. Para ser médico o enfermera, sin embargo, se necesita educación especializada. Aunque es cierto que suelen encontrarse en los grandes hospitales en vez de en las pequeñas localidades.

Al personal técnico sanitario le preocupan especialmente los embarazos adolescentes, y luchan por diseminar la información que los prevenga. Las mujeres embarazadas deben por ley dar a luz en las clínicas expresamente dedicadas a ello. No es común desaprovechar un edificio tan sólido y de cemento si no se le está dando uso, ya que es particularmente bienvenido frente a cualquier tipo de clima adverso. Aunque la mayoría de las veces las mujeres embarazadas suelen viajar a la ciudad más cercana para poder ser atendidas.

La estancia en estos centros cuesta dinero, lo que explica por qué muchas de ellas decidan no llegar a tiempo y dar a luz en casa. Y no solo es eso; muchos de estos centros no cuentan con el personal necesario. En San Antonio la matrona afirma que cuando una mujer del barangay va a ponerse de parto, una o dos personas del equipo la acompañan a la clínica de maternidad, porque es posible que si el parto se produce de noche o en fin de semana no haya nadie para atenderla.  Aun así, siguen dando vida. Siguen sembrando las semillas de la esperanza.