Cuando la única estrategia posible es sobrevivir

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  • Categoría: Cooperación internacional
  • Fecha: 27 de Octubre de 2020

En Guatemala, la principal respuesta para atender el impacto de la Covid19 proviene de la solidaridad ciudadana, que exige cambios globales para superar décadas de desigualdad e injusticia

Autora: Deimy Ventura, Coordinadora de la Delegación de InteRed en Guatemala

En Guatemala la Covid-19 golpea fuerte y de diferentes formas. La enfermedad avanza en el país con mucha facilidad ante la débil respuesta de un sistema de salud precarizado. Por muchos años los sectores políticos y empresariales, así como la corrupción enquistada en el poder, han succionado los recursos estatales enriqueciéndose desde aquello que llamamos “lo público”.

Mientras que en otros países se oyen voces que claman por el derecho a la salud y exigen fortalecer los sistemas de salud pública, aquí se aprovecha para subastar lo poco que queda de ella. La oligarquía empresarial y, en particular, el sector farmacéutico sacan provecho de la enfermedad, especulando y negociando con el miedo al contagio. Y los préstamos millonarios que se anuncian cada día en la cadena nacional no se ven reflejados en salarios, equipos, medicamentos. Nada.

La salud, en unos de los países más pobres y desiguales del mundo, no es un derecho, es un privilegio para pocos. En la pandemia, las clases medias optan por endeudarse para pagar medicamentos, un tanque de oxígeno y recibir atención en casa. Para las clases pobres, enfermarse implica suplicar por un lugar en un hospital o simplemente dejarse morir.

Hasta el momento se han contabilizado más de 104.000 contagios y se han registrado más de 3.600 muertes[1]. Quienes han conseguido una plaza en algún hospital nacional denuncian la falta de atención, medicamentos y camas. El personal de salud, por su parte, hace lo que puede con los casi nulos recursos de los cuales dispone para dar atención médica.

La estrategia: sobrevivir gracias al compromiso ciudadano

Con más del 70% de su población en trabajos informales y más de 3 millones de personas en la pobreza extrema (23,4% de la población), sin garantías de seguridad social mínimas, la población ha enfrentado la pandemia como se hace desde la pobreza: buscando estrategias de sobrevivencia para el día a día. Estas estrategias van desde apelar por las calles a la compasión de la población para pedir alguna ayuda económica o alimentos, hasta continuar con alternativas informales en peores condiciones y mayores riesgos que antes del período de confinamiento.

El desempleo es sinónimo de hambre inmediata para las familias en Guatemala, principalmente de aquellas donde las mujeres son las proveedoras principales y en un país que no ofrece garantías de protección mínimas ante la falta de empleo.

Frente a esta tragedia humana, una vez más, las cadenas de cuidados, la solidaridad y la participación ciudadana son la respuesta. Ollas comunitarias, grupos solidarios, cadenas de apoyo, personas individuales, colectivos organizados y otros que han ido surgiendo en esta época, afrontan día a día la miseria de este país.

Organizaciones con las que InteRed trabaja en Guatemala, como la asociación Estudios y Proyectos de Esfuerzo Popular (EPRODEP), la asociación Grupo Integral de Mujeres Sanjuaneras (AGIMS), la Fundación Pedro Poveda y la Fundación Esfuerzo y Prosperidad (FUNDAESPRO), han movilizado manos y voluntades y han buscado recursos externos entre sus organizaciones aliadas y entre donantes particulares para atender esta crisis humanitaria y responder, principalmente, a la carencia de alimento que enfrenta la población que vive en pobreza y extrema pobreza. Con valentía han decidido no abandonar a quienes han sido olvidados por el Estado que debería protegerles. La fortaleza, la de todas, surge de la convicción y compromiso de que cada acción significa una mejora en la vida de quienes más viven las consecuencias de la corrupción y la impunidad en este país.

¿Pero hasta cuándo vamos a conformarnos con sobrevivir? La hora de cambiar el funcionamiento excluyente de este mundo hace mucho que llegó, pero las evidencias globales sobre las crisis sistémicas que la Covid-19 ha acentuado nos obligan a unirnos para que el momento sea ahora.

Tenemos la Agenda 2030 de Naciones Unidas y los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, sobre cuyo avance y cumplimiento se ha debatido con preocupación recientemente en el Foro Político de Alto Nivel sobre Desarrollo Sostenible #HLPF2020.

Tenemos la convicción y contamos con la movilización de millones de personas para cambiar las reglas de este sistema en el que casi todos y todas salimos perdiendo. Personas que en España, Guatemala, Filipinas o República Democrática del Congo han salido a aliviar el sufrimiento de la población más desfavorecida, aquella cuyos derechos suelen ser más vulnerados.

¿Qué nos falta para pasar de sobrevivir a vivir con dignidad? Si se trata de falta de voluntad política para emprender y liderar los cambios, la ciudadanía, las organizaciones sociales y de desarrollo, así como muchas empresas que apuestan por el impacto social, estamos listas desde hace muchos años para orientar y acompañar el proceso, sin rodeos, sin excusas, guiados por la solidaridad, la cooperación y los derechos humanos. Si la complejidad del poder y el sistema capitalista nos hacen creer que es inviable, tenemos que recordar que la clave del cambio para democratizar las democracias y avanzar paulatinamente hacia un sistema que ponga la vida en el centro está en la ciudadanía, y eso nos hace poderosas, en lo local y juntas en lo global.

Desde InteRed tenemos claro que el camino no es sencillo ni breve, somos conscientes de que este sistema económico injusto y desigual nos atraviesa en muchos ámbitos de nuestra vida y que el proceso de desaprender pautas de organización y consumo insostenibles requerirá de incansables esfuerzos. Pero es precisamente por todo ello que defendemos con más fuerza que nunca nuestra aportación imprescindible para transitar hacia un mundo justo en lo social, equitativo en el género y sostenible en lo ambiental: una educación que sea transformadora y sirva como motor para el cambio social.

Es el primer y decisivo paso para reducir la brecha que hoy separa el mundo de lo deseable del mundo de lo alcanzable. Es nuestra apuesta para que en Guatemala pasemos de sobrevivir a vivir con dignidad.

 


[1] Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social. Situación del Covid-19 en Guatemala https://tablerocovid.mspas.gob.gt/